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miércoles, 14 de octubre de 2015

Miedo

Qué malo es el miedo: te paraliza. Tus músculos se cristalizan y ves cómo se va acercando el peligro. La amenaza se cierne sobre ti y sólo puedes ir cerrando los ojos, para no ver el choque.

¿Miedo a qué? Dicen que una vez que aceptas que lo peor que puede pasarte es la muerte y eso es inevitable, dejas de sentir miedo. No sé si es cierto. No sé si lo peor que puede pasarte es la muerte. Creo que la muerte es lo último que te pasa, pero no lo peor. Vivir cerrando los ojos, paralizada, esperando que ocurra lo inevitable, o lo que es lo mismo, no vivir: esto es lo peor que puede ocurrirle a una persona.

Yo llevo muchos años observando mi vida como si fuera un espectador y no la protagonista. Entonces, un domingo, el último domingo de agosto, todo cambió. No pasó nada especial, no hubo visión, catarsis ni epifanía. Simplemente comencé a vivir mi vida. Llevo así un mes y medio, con alguna recaída puntual, pero sin cejar en el empeño.

Porque la vida es este rato, como dice mi hermana.