Creamos nuestras vidas según el concepto que tenemos de nosotros mismos. Es muy fácil esconderse tras excusas y justificar nuestro presente en el pasado, pero no tanto aceptar que la vida viene de una determinada forma y que lo que nos define es cómo decidimos afrontarla.
Ya está bien de quejarse, ¿no os parece? ¡¿Qué mierda es esta de autocompadecerse?! ¿Tenéis problemas? Pues como todo el mundo: no sois especiales, Dios no os tiene manía. Empezad por hacer una lista. Sí, así de sencillo: el paso número 1 es "identificar los problemas". No hace falta que sean de tipo existencial, esas cosas que os disgustan de vosotros mismos, que os pesan y os impiden avanzar.
Bien, justo al lado escribid el contrario; vamos, que el paso número 2 es "crear una nueva realidad". Si vuestro problema es que no tenéis trabajo, el contrario es muy sencillo: yo tengo trabajo; si tenéis una relación sentimental que no os aporta nada, el contrario es: yo tengo una pareja cariñosa, fiel y comprensiva (o lo que sea que busquéis en esa persona).
Identificadas las situaciones que queremos eliminar en nuestras vidas y definida la realidad que la va a sustituir, tracemos un camino, uno simple. Si tu problema es que no te gusta la imagen que se refleja en el espejo y tu nueva realidad es "yo tengo un cuerpo esbelto", el paso número 3 es "determinar qué necesitas para cambiar una situación por la otra".
No, no he descubierto la pólvora y es tan sencillo que resulta casi absurdo escribirlo... Y me pregunto, ¿por qué narices si es tan fácil vivimos sumidos en nuestros problemas? Ya, yo tampoco lo entiendo, porque todos nos sabemos la teoría. Será que fallamos en la práctica.