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martes, 12 de noviembre de 2013

Yo hablo, pero no me hago ni caso...

Este blog es un desastre. Yo soy un desastre (mi novio me llama desastrito, pero después de doce años está claro que me quiere, así que el diminutivo es por el cariño). Ay. Y aquí sigo. ¿Más feliz? Mmmm... Ahora torciendo la boca. 

Imagino que nada es blanco o negro, por lo menos en mi vida todo son grises. Hay cosas que bien, otras regulín regulán, cosas estancadas, otras hundidas, perdidas y olvidadas... No hay una sola respuesta, o la respuesta depende del momento en que preguntes.

Hoy he ido a la pelu: cambio de look. Qué bien sienta verse bien, ¿eh? Una sale con la melena brillante y sin canas (yo tengo a montones, qué mierda de genética, oye) sonriendo y con la sensación de que puede con el mundo y así como se abren las puntas y comienzan a verse las raíces, pues como que pierdes brío. Así que hoy bien :)

Pero hay cosas que cambiar, que siguen ahí (escriba o no escriba en el blog) y que hacen que de vez en cuando no sonría. Cosas que me hacen infeliz. No os voy a engañar, que a estas alturas no engaño a nadie (sólo a mí): la mayoría sólo dependen de mí, pero la fuerza de voluntad escasea. Pero hay otras que se escapan. Es fácil decir eso de que nosotros controlamos nuestra reacción, pero materializarlo es dificilísimo, sobre todo cuando se abre paso en tu interior cual huracán... Los ejemplos me los ahorro, que cada uno tiene sus cuentos tristes.

Faltan 10 días para el aniversario de la muerte de mi abuela. El segundo. Qué rápido pasa el tiempo. Os juró que parece que fue ayer cuando estaba con ella. Pero poco a poco se va desvaneciendo su voz. Y eso me apena. El caso es que cuando pienso en ella sonrío, porque siempre me viene a la cabeza alguna de sus frases. Mi abuela era una persona genial, de verdad, no lo digo porque fuera mi abuela. Era buena, conciliadora y cariñosa, conservadora para algunas cosas ("habiendo un hombre no paga una mujer"), pero de lo más liberal para otras ("hay que tener un novio en cada puerto"). Jajajaja. Ay.

Sí, la echo mucho de menos. 


viernes, 6 de septiembre de 2013

Dándole la vuelta y mirando las cosas desde otra perspectiva... ¡Pero si es que no hay problema!

Ahora que lo pienso, no sé por qué comencé este blog. ¿Por qué creí que adelgazar era la solución a todos mis problemas? ¿Por qué creí que mis kilos de más eran un problema en sí mismo? ¿De dónde narices he sacado que yo tengo problemas? Es que de repente me he dado cuenta de que tengo 31 años y soy gilipollas. ¡Dios! Pues sí que me ha costado tiempo.

No sé qué nos pasa algunas personas que perdemos las ganas de hacer cosas, que dejamos las riendas y comenzamos a seguir el paso de otro (ni idea de quién), que nos caemos y nos da pereza volver a levantarnos... Y entonces ocurre, con suerte, que un día miras a tu alrededor y te preguntas, ¿qué narices hago yo aquí tirada en el suelo viendo pasar a toda esta gente y esperando a ver si alguien se para a ayudarme?

Me parece que partimos todos de una base errónea y es pensar que somos desgraciados. Desde luego hay personas que son desgraciadas en este mundo, pero no son ellas quienes abren un blog y sentadas en su casa, a través de un ordenador, vomitan sus problemas y quejas. No, qué va. Eso lo hago yo. Eso sí es ser una desgraciada.

Me estoy riendo sola. ¿Pero qué narices he estado pensando hasta ahora? ¿En qué agujero tenía metida la cabeza para haber estado tan confundida y equivocada?

No sé si algún día adelgazaré, si tendré dinero, ni un trabajo, pero ya llueva o nieve, calada hasta los huesos voy a sonreír. Ahora, hoy y siempre. 

Ya os contaré lo bien que me va.

lunes, 19 de agosto de 2013

Magic Pills

"La píldora mágica está dentro de ti y la puedes tomar cada mañana"


Es tan sencillo externalizar la culpa, que una termina no sintiéndose responsable de sí misma, ni de su vida, sus circunstancias... Este anuncio de Coca Cola, además de ser motivador y gracioso, no deja de reflejar lo que es una realidad en la vida de muchos de nosotros: la falta de esfuerzo. Todo está al alcance de nuestras manos, no hace falta levantarse, correr, sudar, caminar, saltar, y eso se nota. 

El otro día no sé con quién hablaba, pero surgió lo del "espíritu de superación". Yo lo perdí hace mucho tiempo. Pero que las cosas hayan sido de una forma no implica que no puedan cambiarse. Así que esta mañana me he levantado temprano, me he puesto el chándal y he salido a caminar, que ya está bien. 

Esta mañana me he tomado mi "pastilla mágica": he caminado tres kilómetros antes de desayunar, no he cogido el ascensor y he venido caminando al trabajo. ¿Te apuntas? Son gratis.