Este blog es un desastre. Yo soy un desastre (mi novio me llama desastrito, pero después de doce años está claro que me quiere, así que el diminutivo es por el cariño). Ay. Y aquí sigo. ¿Más feliz? Mmmm... Ahora torciendo la boca.
Imagino que nada es blanco o negro, por lo menos en mi vida todo son grises. Hay cosas que bien, otras regulín regulán, cosas estancadas, otras hundidas, perdidas y olvidadas... No hay una sola respuesta, o la respuesta depende del momento en que preguntes.
Hoy he ido a la pelu: cambio de look. Qué bien sienta verse bien, ¿eh? Una sale con la melena brillante y sin canas (yo tengo a montones, qué mierda de genética, oye) sonriendo y con la sensación de que puede con el mundo y así como se abren las puntas y comienzan a verse las raíces, pues como que pierdes brío. Así que hoy bien :)
Pero hay cosas que cambiar, que siguen ahí (escriba o no escriba en el blog) y que hacen que de vez en cuando no sonría. Cosas que me hacen infeliz. No os voy a engañar, que a estas alturas no engaño a nadie (sólo a mí): la mayoría sólo dependen de mí, pero la fuerza de voluntad escasea. Pero hay otras que se escapan. Es fácil decir eso de que nosotros controlamos nuestra reacción, pero materializarlo es dificilísimo, sobre todo cuando se abre paso en tu interior cual huracán... Los ejemplos me los ahorro, que cada uno tiene sus cuentos tristes.
Faltan 10 días para el aniversario de la muerte de mi abuela. El segundo. Qué rápido pasa el tiempo. Os juró que parece que fue ayer cuando estaba con ella. Pero poco a poco se va desvaneciendo su voz. Y eso me apena. El caso es que cuando pienso en ella sonrío, porque siempre me viene a la cabeza alguna de sus frases. Mi abuela era una persona genial, de verdad, no lo digo porque fuera mi abuela. Era buena, conciliadora y cariñosa, conservadora para algunas cosas ("habiendo un hombre no paga una mujer"), pero de lo más liberal para otras ("hay que tener un novio en cada puerto"). Jajajaja. Ay.
Sí, la echo mucho de menos.