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jueves, 7 de agosto de 2014

La felicidad no es un estado, es una actitud

Sé que no soy la única que espera. La mayoría de nosotros nos pasamos mucho tiempo esperando a que las cosas cambien, porque creemos que un día "todo encajará" y por fin seremos felices. Habrá un cambio, algo extrínseco, por supuesto, que conseguirá hacernos felices para siempre.

Pues no es así: la felicidad es una opción para todos en cualquier circunstancia. Ya, ya sé que las hay "muy jodidas", pero por ello no deja de ser menos cierto. 

Ahora viene lo peor, predicar con el ejemplo. 

martes, 18 de febrero de 2014

Análisis de requisitos: persona de viernes (I)

El domingo estuve hablando con mi novio de determinismo cuántico. Suena estupendo, ¿verdad? Yo es que soy de Letras, así que estoy más .... con las teorías filosóficas sobre la naturaleza del hombre o los conceptos universales absolutos. Pero bueno, que después de haber visto siete temporadas de Big Bang Theory una se atreve a opinar sobre las teorías cuánticas.

No, ahora en serio: determinismo vs. libre albedrío. Resulta que hay una tercera opción: la aleatoriedad. Resulta que los átomos tienen la función "voy a tener suerte". 

¿No os parece muy triste pensar que no tenemos disponibilidad sobre nosotros mismos más allá de las reacciones físicas? A mí sí, pero quizá es por alguna conexión sináptica así que no sé qué importancia tiene. 

Lo bueno del determinismo es que excluye la responsabilidad: si uno no puede decidir porque todo comportamiento es una reacción invariable a una serie de condicionantes, no existe el bien y el mal, ni la posibilidad de actuar de otra forma. Vamos, que cada mañana cuando suena el despertador a las seis y media y yo me doy la vuelta y paso de levantarme a hacer deporte, no estoy eligiendo, es que simplemente no puedo hacer otra cosa. Si es así, no puede existir la culpabilidad. ¡Qué alivio! Todo este tiempo pensando que era una vaga indomable... El caso es que, sensu contrario, tampoco deberíamos sentirnos orgullosos porque ningún esfuerzo es tal, sólo actuamos de la única forma posible.

No cuela, ¿verdad? No, no cuela. No creo en el determinismo. Me parece que podemos elegir. Cuesta, un huevo para ser exactos. Y como cuesta, todos lo sobemos, no vamos a quitarle el mérito a quien lo consigue, que sólo faltaba... 

Yo por mi parte voy a empezar con el cambio, ahora, ya. Os adelanto que lo de los horarios estrictos no me va. Es que además muchas veces el trabajo no me deja seguirlos. Ayer por ejemplo, me quedé a comer para llegar antes para poder estudiar y después hacer deporte, pero lo que pasó es que "me entró la inspiración" (que la abogacía tiene una gran dosis de ello) y paré porque eran las ocho de la noche pasadas y llevaba desde las nueve de la mañana trabajando... (las entradas están programadas, aprovecho los ratitos por la noche, así que no, no me paso las mañanas posteando).

Mi novio es Ingeniero Informático, ¿os lo he dicho? Pues resulta que el análisis es una fase importantísima: establecer los requisitos, los supuestos de uso, etc. Y ahí voy yo:
  • Trabajo. Soy abogada y trabajo por cuenta propia (sí, no tengo Jefe), pero estoy en el Despacho de mi tío (o sea, que sí tengo Jefe). No tengo un horario rígido, nadie me mira mal por llegar diez minutos tarde, pero se espera que pase unas horas, sobre todo porque el no-Jefe es un adicto al trabajo. Tengo que pasar 8 horas en el trabajo mínimo, más dos cafés: 9 horas. Eso supone que llegando a las 8'30 - 9'00 de la mañana puedo salir de la oficina a las 17'30 - 18'00. Eso si no tengo algo concreto, que los abogados somos mucho de plazos y trabajo de última hora.
  • Estudios. Estoy haciendo un Experto Universitario al que debería dedicar (aterrador) tres horas diarias. Como no me da el día para más, yo le voy a dedicar dos y que los de la UNED se den con un canto en los dientes :P
  • Ejercicio. Resulta que la actividad física es importantísima. Antes no concebía que alguien pudiera pasar un día sin hacer ejercicio (la adolescencia, qué edad tan maravillosa) y aquí estoy yo, que pasan las semanas y la única actividad que realizo es ir caminando al trabajo... Una hora para empezar.
  • Dormir. Los ejemplares de sábado sentimos un apego especial por las sábanas... Además, el cutis se resiente y una ya pasa la treintena (por poco, que conste).

Sí, soy consciente de que estas cuatro premisas van a ocupar el 83'3% de mi tiempo (no es aproximado, lo he calculado) y teniendo en cuenta que se me va una hora en desayunar y arreglarme, otra en ducharme y me gusta leer, sólo me queda libre el 4% del día... Pero esta opción me deja libres los fines de semana (benditos fines de semana, ojalá durasen tres días).



lunes, 17 de febrero de 2014

Buscando el método...

Hay dos tipos de personas en el mundo: las personas de lunes y las personas de sábado. A las personas de lunes les van los horarios, las listas de tareas, las agendas, los menús, los uniformes... No son personas aburridas, no os confundáis, simplemente son personas organizadas, eficientes, que se fijan objetivos y los consiguen. Por otro lado están las personas de sábados, las que se levantan y se preguntan qué quieren desayunar, cambian de bolso antes de salir de casa, apuntan los recados en el dorso de una factura, cambian el plan en el último minuto o deciden sobre la marcha qué hacer. No tienen por qué ser divertidas, es más, muchas veces resultan caóticas. 

No son departamentos totalmente estancos y hay personas que consiguen llegar al estatus de persona de viernes: lo mejor de los dos mundos. Es algo que puede corregirse, practicarse, modificarse. Yo misma antes era una persona de lunes, pero un día, quizá como reacción a aquellos rígidos horarios, cambié y ahora soy un desastrito. No os equivoquéis, suena bien, pero es muy poco práctico. 

Mi novio, en cambio, es un robot: medita las situaciones, toma una decisión y la repite siempre que se dan las circunstancias, así, sin pensar. Hay algunas fricciones, pero nos queremos y respetamos. 

El caso es que he decidido cambiar, quiero llegar al viernes. Ser una persona de sábado es agotador...

Así que he decidido intentar ser un poco metódica. Pero esto necesita un análisis de requisitos previo...

viernes, 14 de febrero de 2014

Ser vegetariana o repetirle a tu madre setenta veces que el pavo también es carne

Desde marzo del año pasado no como animales. Mi intención no es crear una secta, que aquí cada uno hace lo que quiere. No es mi primera vez: hace unos doce años estuve más de un año siendo vegetariana. No sé por qué lo dejé. El caso es que siempre he pensado -es algo totalmente irracional que siento en lo más profundo de mi ser- que alimentarse de animales muertos es de bárbaros, así que un día, sin más, me volví vegetariana.


Pero resulta que no es tan fácil: ¿sabíais que muchos quesos se elaboran con cuajo animal? Pues el cuajo es una sustancia que se obtiene del estómago de los terneritos. Sí, así como lo oís. ¿Quién le pregunta al de la pizzería con qué sustancia -porque también hay las hay cuajos vegetales y sintéticos- está elaborada la mozzarela? Un desastre.

La que peor lo lleva es mi madre: día sí día también me suelta eso de "al final vas a tener que dejar esto del vegetarianismo". Y cada fin de semana me dice que hay ternera, pero para mí ha comprado pavo pescadito freco.

Pero no es la única, hace poco fuimos a tomar unos vinos y nos ofrecieron unas tostas con jamón ibérico y pregunté si tenían alguna para mí, que era vegetariana, y el chico muy dispuesto me ofreció una tosta de ventresca de atún... Sí, de esa ventresca de atún que crece en los árboles. 

Lo que peor llevo es lo de las explicaciones: todo el mundo salta con lo de "¿no te dan pena las plantas?". Es curioso que haya quien crea que tengo que dar explicaciones por tomar una decisión que sólo me afecta a mí o que incluso lleguen a juzgarte, como si fuera una tontería...

Con mi madre me armo de paciencia, que ella la tuvo conmigo, y voy rechazando cada una de sus proposiciones: "no, mamá, los calamares a la romana tampoco", "no mamá, no voy a compartir el durum de pollo contigo", "mamá, el jamoncico york, aunque lo veas rosa y loncheado, antes era un cerdo"...


jueves, 13 de febrero de 2014

Llámame Dori.

No os lo creeréis, pero hasta hace un rato tenía quince blogs. No, no soy una loca con pijama, que no sale de casa y vive rodeada de gatos. ¡Qué va! Tengo una vida. Pero es que cada vez que pienso en "cambiar de vida" creo un blog nuevo. Ya un disparate. Total, que he hecho limpieza.

La cosa es que he releído una entrada que hice en septiembre en uno de los blogs eliminados, y me ha parecido gracioso -obviando algún error de estilo-, así que voy a reutilizarlo. Os adelanto que va sobre mí, bueno, como en general todas las entradas que hago, no nos engañemos. ¿Os podréis creer que había blogs que no recordaba que tenía? Ya, de Juzgado de Guardia. Total, que como estoy en modo "limpieza existencial", si tengo un blog en el que no publico desde hace un año, pues es algo prescindible... Pero, además, ¿os parece normal crear un blog y olvidarte de él? Todavía no he determinado (y hace 32 años que me conozco) si lo mío es mala memoria o un problema de déficit de atención, pero tengo claro que normal no es...

De todas formas éste no es el único ámbito en el que me "olvido", me pasa cada vez que me pongo a cocinar y salgo de la cocina: en el momento en el que cruzo la puerta esa realidad (la comida al fuego) es como si desapareciera. Y no importa que sepa que va a pasar y me concentre en evitarlo, porque inevitablemente me olvido. Siempre termino haciendo algo que me lleva a otra cosa que me hace pensar en otra cosa y olvidar lo que sea que estuviera haciendo en la cocina.

La mayoría de las veces salgo de ese estado de abstracción cuando mi novio me grita: "¿No hueles a quemado?" o "¿Te has olvidado de la pizza?". No sé si lo suyo es confianza o esperanza, seguro que algo de amor hay de por medio, porque lleva aguantándome así trece años :P Y con la edad parece que todo empeora (espero no quemar la casa un día).

Y así llega el día en el que decides ponerle contraseña al ordenador y cuando vas a poner tu fecha de nacimiento recuerdas aquel reportaje tan interesante de la 2 en el que explicaban que las contraseñas no deberían estar relacionadas con la persona y que el 87% de las veces se usan fechas de nacimiento, aniversario, nombres de mascotas/padres/hijos, y cosas semejantes que hacen muy fácil hackear un ordenador. Y piensas, ¡pues a mí no me pillan! Y en un dechado de originalidad terminas buscando una extraña clase de pez para usarlo como contraseña, porque a ti ni te gustan los peces, ni tienes pecera, ni has tenido nunca, ni entra en tus planes tener. Y le pones contraseña al ordenador para evitar esa posibilidad real de que alguien entre a tu casa a robar, se lleve tu portátil y acceda a todos esos documentos tan importantes que guardas en tu ordenador. Y te quedas más contenta que unas pascuas. Y dos días después te sientas, enciendes el ordenador y no te acuerdas de cuál es la contraseña, ni siquiera de que era una clase de pez, porque claro, nunca se te habría ocurrido ponerlo ni te gustan los peces ni has tenido en tu vida una pecera. Así que tienes formatear el ordenador y cinco años después sigue siendo un misterio la contraseña que utilizaste.

Sí, me ocurrió a mi. Lo de la clase de pez es una licencia artística porque nunca he conseguido recordar la contraseña, ni a qué se refería, ni por qué la puse.