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jueves, 13 de febrero de 2014

Llámame Dori.

No os lo creeréis, pero hasta hace un rato tenía quince blogs. No, no soy una loca con pijama, que no sale de casa y vive rodeada de gatos. ¡Qué va! Tengo una vida. Pero es que cada vez que pienso en "cambiar de vida" creo un blog nuevo. Ya un disparate. Total, que he hecho limpieza.

La cosa es que he releído una entrada que hice en septiembre en uno de los blogs eliminados, y me ha parecido gracioso -obviando algún error de estilo-, así que voy a reutilizarlo. Os adelanto que va sobre mí, bueno, como en general todas las entradas que hago, no nos engañemos. ¿Os podréis creer que había blogs que no recordaba que tenía? Ya, de Juzgado de Guardia. Total, que como estoy en modo "limpieza existencial", si tengo un blog en el que no publico desde hace un año, pues es algo prescindible... Pero, además, ¿os parece normal crear un blog y olvidarte de él? Todavía no he determinado (y hace 32 años que me conozco) si lo mío es mala memoria o un problema de déficit de atención, pero tengo claro que normal no es...

De todas formas éste no es el único ámbito en el que me "olvido", me pasa cada vez que me pongo a cocinar y salgo de la cocina: en el momento en el que cruzo la puerta esa realidad (la comida al fuego) es como si desapareciera. Y no importa que sepa que va a pasar y me concentre en evitarlo, porque inevitablemente me olvido. Siempre termino haciendo algo que me lleva a otra cosa que me hace pensar en otra cosa y olvidar lo que sea que estuviera haciendo en la cocina.

La mayoría de las veces salgo de ese estado de abstracción cuando mi novio me grita: "¿No hueles a quemado?" o "¿Te has olvidado de la pizza?". No sé si lo suyo es confianza o esperanza, seguro que algo de amor hay de por medio, porque lleva aguantándome así trece años :P Y con la edad parece que todo empeora (espero no quemar la casa un día).

Y así llega el día en el que decides ponerle contraseña al ordenador y cuando vas a poner tu fecha de nacimiento recuerdas aquel reportaje tan interesante de la 2 en el que explicaban que las contraseñas no deberían estar relacionadas con la persona y que el 87% de las veces se usan fechas de nacimiento, aniversario, nombres de mascotas/padres/hijos, y cosas semejantes que hacen muy fácil hackear un ordenador. Y piensas, ¡pues a mí no me pillan! Y en un dechado de originalidad terminas buscando una extraña clase de pez para usarlo como contraseña, porque a ti ni te gustan los peces, ni tienes pecera, ni has tenido nunca, ni entra en tus planes tener. Y le pones contraseña al ordenador para evitar esa posibilidad real de que alguien entre a tu casa a robar, se lleve tu portátil y acceda a todos esos documentos tan importantes que guardas en tu ordenador. Y te quedas más contenta que unas pascuas. Y dos días después te sientas, enciendes el ordenador y no te acuerdas de cuál es la contraseña, ni siquiera de que era una clase de pez, porque claro, nunca se te habría ocurrido ponerlo ni te gustan los peces ni has tenido en tu vida una pecera. Así que tienes formatear el ordenador y cinco años después sigue siendo un misterio la contraseña que utilizaste.

Sí, me ocurrió a mi. Lo de la clase de pez es una licencia artística porque nunca he conseguido recordar la contraseña, ni a qué se refería, ni por qué la puse.

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