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viernes, 14 de febrero de 2014

Ser vegetariana o repetirle a tu madre setenta veces que el pavo también es carne

Desde marzo del año pasado no como animales. Mi intención no es crear una secta, que aquí cada uno hace lo que quiere. No es mi primera vez: hace unos doce años estuve más de un año siendo vegetariana. No sé por qué lo dejé. El caso es que siempre he pensado -es algo totalmente irracional que siento en lo más profundo de mi ser- que alimentarse de animales muertos es de bárbaros, así que un día, sin más, me volví vegetariana.


Pero resulta que no es tan fácil: ¿sabíais que muchos quesos se elaboran con cuajo animal? Pues el cuajo es una sustancia que se obtiene del estómago de los terneritos. Sí, así como lo oís. ¿Quién le pregunta al de la pizzería con qué sustancia -porque también hay las hay cuajos vegetales y sintéticos- está elaborada la mozzarela? Un desastre.

La que peor lo lleva es mi madre: día sí día también me suelta eso de "al final vas a tener que dejar esto del vegetarianismo". Y cada fin de semana me dice que hay ternera, pero para mí ha comprado pavo pescadito freco.

Pero no es la única, hace poco fuimos a tomar unos vinos y nos ofrecieron unas tostas con jamón ibérico y pregunté si tenían alguna para mí, que era vegetariana, y el chico muy dispuesto me ofreció una tosta de ventresca de atún... Sí, de esa ventresca de atún que crece en los árboles. 

Lo que peor llevo es lo de las explicaciones: todo el mundo salta con lo de "¿no te dan pena las plantas?". Es curioso que haya quien crea que tengo que dar explicaciones por tomar una decisión que sólo me afecta a mí o que incluso lleguen a juzgarte, como si fuera una tontería...

Con mi madre me armo de paciencia, que ella la tuvo conmigo, y voy rechazando cada una de sus proposiciones: "no, mamá, los calamares a la romana tampoco", "no mamá, no voy a compartir el durum de pollo contigo", "mamá, el jamoncico york, aunque lo veas rosa y loncheado, antes era un cerdo"...


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