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miércoles, 1 de junio de 2011

Y llega el fin

¡Por fin! Hora de irse a la cama. ¡Qué largo puede hacerse un día cualquiera! Es horrible, porque cuesta muchísimo "volver al redil" y sé que el viernes saldré otra vez de él: tengo una boda. Intentaré no pasarme mucho para que shock sea menor. 

Ahora estaba pensando en las "justificaciones", es una de las partes más curiosas de mí vida: consigo siempre justificar mi comportamiento. Funciona del siguiente modo: hay que encontrar un razonamiento por el que no resulte censurable saltarse la dieta y vale casi cualquier cosa. El hilo de mis pensamientos sería algo parecido a: 
  • Cuánto me apetece un plato de pasta.
  • No debería comer.
  • Total, el viernes voy a pasarme por la boda y el sábado tendré que volver a empezar.
  • Sí, pero entonces me pasaría dos días más de la cuenta.
  • ¿Qué son dos días? Además, estás estudiando y te vienen bien los hidratos de carbono...
  • Bueno, vale.

Pero ahí no terminaría, porque me habría pasado hoy, mañana y el viernes. El sábado me habría levantado y en vez de retomar la dieta habría tenido la siguiente conversación conmigo misma:
  • ¿Para qué vas a empezar hoy la dieta, con lo que cuesta, si mañana es el santo de X e irás a comer a casa de su madre? ¿Otra vez tú comiendo distinto? Mira, ya empiezas el lunes y prau.
  • Pero es que son muchos días, el lunes no querré ni hacer pis, por no ver la báscula en el baño.
  • Sí, pero es que todos pedirán pizza y tú siempre comiendo distinto. Además, es el santo de tu novio y sólo es una vez al año. Y sólo será la comida. Ya empiezas el lunes otra vez en serio... 
  • Bueno, vale.

Así que en vez de hacer dieta el miércoles, jueves, viernes (menos la cena), sábado y domingo, con mucha suerte habría empezado el lunes. Y ojo, soy capaz de tener muchas conversaciones como ésta y puedo resultar de lo más convincente. Cuando comienzo a escuchar esa voz en mi cabeza, sé que no debo discutir ni razonar con ella, debo ignorarla y permanecer por encima. La respuesta siempre debe ser ¡no!

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