No soy la única, me consta, que come sin hambre, intentando saciar algo que nada tiene que ver con la comida. Está claro que es una forma errónea de hacer frente a los problemas, no lo dudo, pero aquí cada uno lo hace lo mejor que sabe y puede. No obstante, cuando se ha tomado conciencia de ello, seguir afrontando las crisis de esta manera no parece algo lógico -y mucho menos sano-. Tiene excusa quien ignora, no quien mira hacia otro lado.
Hoy me he sentido mal, no entraré en detalles, porque el origen es indiferente, lo significativo es que esta vez no hundiré mis penas en un sandwich, ni en una tableta de chocolate, porque no hay alimento que solucione mis problemas y sé que así me hago cada vez más daño. Así que haré frente al dolor y a la ansiedad siendo consciente de que están ahí y de que siempre habrá algo que pueda desestabilizarme. Porque, os aviso, no podemos controlarlo todo.
Ahora un trago de agua y a la cama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario