Páginas

miércoles, 4 de mayo de 2011

Contenta como la pimienta

Hoy no se me ha hecho nada duro el día: ya es de noche, en breve cenaré un batido y no he sentido hambre ni fatiga. Estoy de un humor maravilloso. Además, ¡he encontrado una mariquita!  Ya sé que puede parecer poca cosa, pero es que llevaba tiempo buscando una, bueno, todas las que pueda. Estamos intentando montar un "huerto urbano" en el patio de atrás y la lucha contra los gusanos, ácaros y bichos diversos es implacable. Resulta que la mariquita, tanto en estado adulto como larval, es un "insecticida natural" y quería conseguir algún ejemplar. Y mirad por dónde, que mientras comíamos en el balcón (el delantero) se ha posado una en la barandilla. Lo más gracioso de todo es que he tenido que pillar yo al bicho, porque a mi novio le daba "no-sé-qué". ¡Ay! Qué hombre para una guerra. La verdad es que hacía años que no cogía un bicho (sin contar los gusanitos verdes de las plantas, que los mato a docenas), pero así, con las manos desnudas, hace años que no cogía uno. El otro día, además, me acordaba de cuando mis hermanos y yo éramos pequeños y cazábamos saltamontes para dárselos de comer a los gatos (teníamos la idea de que los gatos comían insectos, no sé por qué). No nos daba asco y en cambio ahora, no creo yo que cogiera un saltamontes sin pegar algún grito. Qué cosas, ¿verdad?

Ya ha oscurecido y estoy sentada en el balcón. Ya no se ve el mar, pero sí las luces de la isla de enfrente. La ciudad se va quedando en silencio y comienza a refrescar. No veo la luna, pero sí las luces de un avión que surca el cielo. A veces, no siempre, de vez en cuando, al ver un avión me pregunto a dónde se dirigirá, quiénes de los que van dentro "van" y quiénes "vuelven", cuál es la historia de cada persona... Otro avión, más vidas. Me siento aquí a oscuras y veo pasar a la gente por la acera de enfrente: algunos pasean a su perro, otros caminan con paso acelerado, uno habla por un móvil y una persona alza la mirada y se fija en mí. ¿Se preguntará quién soy igual que yo me pregunto quién es ella?

El camión de la basura interrumpe el hilo de mis pensamientos y deja tras de sí un tufo apestoso. Hace mucho ruido y es maloliente. Y los trabajadores no llevan mascarilla que les proteja de ese olor. Imagino que se habrán acostumbrado. 

Las luces en las viviendas llaman mi atención. Más historias. Y sin embargo, rodeados como estamos de gente, una puede llegar a sentirse sola. Viví 4 años en un edificio y apenas intercambié un par de frases con algún vecino. Me pregunto cómo sería vivir en un lugar más pequeño, donde la uno se preocupe de sus vecinos. Una pareja que se besa. Él negro, ella blanca. Me gusta esta sociedad que tiende a la mezcla. "Laissez faire, laissez passer". Pero no nos engañemos, que todavía queda mucho intolerante. Espero que los niños de ahora, los adultos de mañana, sean mejores de lo que somos nosotros. Ojalá mañana nadie salga a vitorear a la calle la muerte de una persona, con independencia de lo que haya hecho. Ojalá se imponga la Justicia y no la venganza. Ojalá las personas tomen conciencia del valor que tiene cada vida, de lo fácil que es arrebatarla y de las consecuencias que eso conlleva.

No puedo decir que profese ninguna religión, aunque por cultura y familia, haya sido bautizada por el rito católico. Creo, porque así lo siento, que no estamos solos, que Alguien vela por nosotros y nos acompaña. Ese alguien, compasivo y amoroso, no nos juzga, nos perdona. Entiendo que ninguna sociedad pueda funcionar, todavía, a su imagen y semejanza. Tiene que haber normas y castigo para quienes las incumplen. ¿Pero ¿matar? ¿Llamar a eso Justicia? ¿Celebrar una muerte? ¿De verdad alguien cree que ese sea el camino? Yo no lo creo. Desde luego no puede serlo de una sociedad civilizada. El dolor no lo justifica todo, que nadie se engañe.

Ahora toca el batido de proteínas, así que vuelvo a mi noche maravillosa y mis pensamientos quedarán en el aire, que no es poco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario